La educación como catalizador del cambio desde un posicionamiento político.

Estamos concienciados sobre la apremiante necesidad de un nuevo modelo económico. El enfervorecido modelo capitalista nos ha llevado al deseo descontrolado de cosas baratas que sin querer, han generado en los trabajadores y las trabajadoras de la cadena de producción unas condiciones de precariedad-económica y espiritual- absoluta.

Esto nos lleva a plantearnos este punto de inflexión en el que estamos… necesitaríamos cambiar nuestra manera de pensar y actuar para aprender de los errores y construir el nuevo modelo. ¿Es el concepto “calidad de vida” lo que realmente se supone que es? ¿Nos satisface el nuestro?

La industria de la moda, debido a su amarre natural con el cuerpo, la identidad y nuestras necesidades físicas permite la formulación de grandes ideas sobre nosotros mismos (como individuos y como parte de colectivos), de nuestros valores culturales y del lugar que ocupamos en el ecosistema y el papel que jugamos en el medio ambiente. Pero lo que es realmente interesante es cómo a través de la moda podemos y debemos articular un nuevo planteamiento (o varios) como consumidores activos.

He aquí donde l*s EDUCADOR*S DE MODA tienen un rol crítico esencial.

shared talent group process

Proceso de trabajo de Shared Talent Group. London College of Fashion.

No sirve enseñar el proceso de creación de un Diseñador, la gama de tejidos o colores; el abocetado y el patronaje o la costura… hablo de una mirada no lineal desde un acercamiento mucho menos concéntrico y más periférico que trabaje el sistema en sí mismo y no el proceso de producción y/o el producto.

¿Se está trabajando con este prisma en nuestras Universidades? Yo diría que no.

Las Universidades e instituciones y centros de enseñanza superior tienen una oportunidad de oro para remover el caldero desde dentro insertando nuevos ingredientes (personas especialistas en la implementación de proyectos y de disciplinas diversas) para la cocreación de programas interdisciplinares que configuren un menú realmente sabroso para diferentes comensales. Creadores, emprendedores, investigadores, comunicadores, artesanos… que empujen el sector a posicionarse más allá del inestable lugar donde se encuentra articulando soluciones de impacto real en economías locales y globales.

Existen ya comunidades de educadores de moda que trabajan con minoristas, manufacturas, aspectos científicos aplicados al tejido y a los procesos de producción, ingeniería y tecnología aplicada en el desarrollo de productos y comercialización en plataformas digitales. Implicados en el desarrollo de nuevos productos inteligentes, multifuncionales y adecuados  a sus fines, pero bien diseñados,  sujetos a valores éticos y sostenibles en todo el proceso (o en la mayor parte) y estéticamente bien diseñados para poder comercializarlos de forma satisfactoria utilizando además nuevos canales y reformulando los espacios comerciales.

Todo esto, inevitablemente, tiene que impulsar nuevos modelos de enseñanza que creen una nueva ola de profesionales con una mirada más periscópica al sector. Son estos nuevos escenarios los que deben llevarse a las aulas como casos de estudio y modelos de trabajo reales, y los profesionales que los diseñan e impulsan (y que muchas veces fracasan en el intento) los que deberían integrarse en el sistema universitario colaborando activamente en la formación de personas con nuevas habilidades y aptitudes transversales que a su vez puedan también activar proyectos.

Está claro, que sólo quienes activan procesos de esta forma adquieren una responsabilidad para formular contextos políticos y activistas en la moda que debería ser aprovechada en el contexto de la educación universitaria. Su conocimiento sobre los problemas ejecutivos y las relaciones interpersonales en la ejecución de las propuestas forma parte de un activo intangible experiencial que nunca se transmite en las aulas.

James Laver decía “la ropa es el espejo extremo de un alma ubicada en una época”. Es una reflexión a priori simplona y nada nueva que sin embargo me fascina. Tenemos que considerar cómo nos vestimos para observar qué anhelamos. La disconformidad e hibridación del momento convulso en el que vivimos está en mucha de la ropa que veo a diario, pero también la uniformidad que nos dicta el escaparate global. La ropa nos permite jugar con convencionalismos o romper con ellos y nos proporciona una herramienta externa para operar a nivel emocional; expresar y comunicar ideas, personalidades y valores o pasar desapercibida entre la masa.

Y ahí reside lo sexy de trabajar en este contexto que tan mal visto y banal considerado ha estado y sigue estando.

¡Me encanta!

Moda y Ropa se han entrelazado simbólicamente con Cultura y son el narrador perfecto no solo de las identidades personales sino de los aspectos emergentes de la sociedad.

Roland Barthes  apunta al sistema de la moda como uno de los mayores sistemas de significados culturales debido a su virtud de apuntar y señalar un objeto como manifestación tangible de una mirada contextualizada en un tiempo o un “gusto” específico localizado – individual y/o colectivo- . La prenda como expresión ideológica tangible que puedes llevar encima. La moda y su materialidad nos mueve a través de un pensamiento social concreto. Y por ello, el diseñador, más que satisfacer su propio ETHOS creativo, tiene la responsabilidad de entender un contexto, releerlo y reaccionar sobre él.

Para ello, el sistema educativo, obviamente, necesita una gran revolución dando prioridad a la inserción en el mismo, de educadores con capacidad de tutelar y acompañar un proceso complejo que comprende una multidisciplinaridad absoluta.

Volvemos un poco la mirada y haciendo un poco de historia, el verdadero lazo crítico surgió en los 60, cuando la moda se disocia del poder y de las clases altas, sesgando su relación con la élite social y comienza un flirteo más que interesante con el arte y la cultura. La moda es entonces escaparate de la contracultura (La conquista de lo Cool.); y se convierte en reflejo de  vanguardia de la sensibilidad popular como nexo de los valores sociales democráticos y el orden estético de un contexto específico.

Así, en los 60 queda demostrado el poder de la moda como altavoz de lo que hasta entonces eran nichos de la sociedad y de explicar valores, ideas y reflexiones de estos nichos a través de la ropa, que comienza a ser asequible y fácil de adquirir.

Y así, (o pero también así) la moda entra en un pervertido ciclo de capitalismo y supraconsumo a través de su democratización y proceso de fast_fashion al que hemos llegado hoy. La moda es capaz de visibilizar expresiones individuales y sociales pero no ha sabido articular este poder con un proceso paralelo de planteamiento, como disciplina e industria, del lugar que ocupa el individuo y los recursos que necesita el conjunto social, en el contexto de los recursos finitos del planeta.

Y en esta fisura o desconexión… en este quiebro fatal es donde los EDUCADORES DE MODA deben establecer su nave nodriza. Aquí resulta esencial el rol que pueden establecer en el ámbito de la educación y el cambio de paradigma hacia la articulación de pensamiento y acción política.

Si se ayuda a las personas a entender las implicaciones de la moda, se establece un diálogo social que ayude a digerir y reconocer el precio de la libertad y el deseo de TENER en exceso. Dibujar el proceso de estos diálogos visibilizando el ecosistema cercano y sus capacidades y posibilidades y articular nuevos modelos de relaciones de los que surjan soluciones alternativas, y nuevos productos y servicios que respondan a necesidades reales y no artificiales.

El impacto global de la moda resulta significativo en cuanto a la producción. En la sociedad occidental, los niveles de consumo han aumentado considerablemente y la moda está ya intrínsecamente ligada a la infraestructura económica mundial. La tecnología ha permitido la proyección del sector hacia el concepto de “estilo de vida”. Blogs, publicaciones, y espacios como Pinterest, Tumblr… muestran personas que visten, comen, actúan y se mueven de cierta forma y viven en tales o cuales lugares, por lo que la industria tiene un impacto honda expansiva hacia la gastronomía, cosmética, o el housing por ejemplo que hace décadas no tenía.

Estar de moda o ser fashionable no es sólo ser cool vistiendo; es proyectar una actitud vinculada a una manera de entender la propia vida y de vivirla a veces artificial, y otras realmente con un peso político y coherente detrás.

Como industria creativa y cultural más que importante con por ejemplo, un aporte de 1334 Billones de Dólares en 2008 a la economía Norteamericana o según recoge el informe económico de 2012 de The Brandery, la industria textil incluyendo confección y calzado en España aumentó su exportación a mercados internacionales significativamente; Arabia Saudí (34,7 %), Japón (34,2 %), Venezuela (32,4 %) o México (19 %).
Hay millones de datos en los que la teoría sobre la relevancia de la industria en la economía global puede apoyarse. No olvidemos esos dichosos periféricos sobre los que la moda ejerce tan gran influencia y que hacen de esta industria un pulpo de gigantescos tentáculos, como por ejemplo, la cosmética o las numerosas publicaciones de moda y tendencia.

Otro dato interesante, con esto de la moda de la segunda mano y el vintage que nos puede dar mucho mucho que pensar: el mercado de las piezas de segunda mano constituye 1 billion de dólares de la economía global. Pero a consecuencia de la democratización de la moda y del fast fashion, la calidad de la ropa que mueve este mercado ha mermado considerablemente. Paradojas de la vida, esto hace que miles de fardos de ropa en no muy buenas condiciones se envíe a mercados secundarios como el africano… curiosamente, Africa es el mayor productor de algodón del mundo.

Desde luego, hay muchísimas cuestiones sobre las que trabajar… o eso me parece a mí.

Es por ello que desde la educación en moda deben mirarse campos relevantes para la reflexión crítica del pulpo y de sus tentáculos. No solo relativos a los modelos de consumo y al desarrollo sostenible sino sobre cualquier otra implicación ética relativa a todo lo que la moda implica; nuevos modelos de emprendizaje, investigación e implementación tecnológica, factores sociológicos y antropológicos, economías colaborativas y prácticas alternativas, comunidades productoras locales,  artesanía y producción de los ecosistemas contextuales…

Michelle Lowe-Holder:ECO FRIEND

En la imagen, piezas de  Michelle Lowe-Holder. Esta diseñadora canadiense se define como diseñadora sostenible; graduada en Parsons y Central Saint Martins, ha colaborado en varias ocasiones con Topshop. Forma parte del movimiento de diseño Zero Waste y trabaja sobre todo con excedentes industriales. Sus pieza; sobre todo las artesanas, son una exquisita declaración de intenciones que ella misma teje en ocasiones.

Tampoco olvidemos que si queremos tener una economía equilibrada que respete los recursos naturales, como consumidores tendríamos que analizar nuestros patrones de comportamiento y dar continuidad a la cadena de la moda de forma proactiva y coherente… y esto es hacer cultura. También aquí hay muchísimo que decir, promover, concienciar y educar.

Me gustaría mencionar varios colegios y universidades que están articulando sus programas en bajo estas premisas. Por un lado, me interesa enormemente El centro de moda sostenible que dirige Dilys Williams en London College of Fashion, University of Arts London. Desde aquí, y totalmente concienciados sobre el tremendo peso de los diseñadores de moda en la definición de nuevas estrategias económicas y de consume, se trabaja en un programa con 3 líneas específicas:

Shared Talent, un programa que promueve, impulse y trabaja con los alumnos en el desarrollo de procesos colaborativos para el diseño de nuevos sistemas de trabajo que promuevan productos de valor social.

The Fashioning The Future Awards, reconoce las líneas más experimentales que generan respuestas de diverso tipo relativas a retos sostenibles y Centre for Sustainable Fashion un marco para apoyar la puesta en marcha de negocios y propuestas emprendedoras de los diseñadores.

La Universidad de Pennsylvania (Pennsylvania State University) tiene un centro específico de sostenibilidad llamado Center for Sustainability, la Universidad de Wahington (Washington State University, un Instituto de Diseño Sostenible (Institute of Sustainable Design) en Dinamarca no se pueden dejar de mendionar las escuelas de diseño TEKO y KEA; ambas han recibido un apoyo consensuado del Ministerio de Educación y puesto en marcha un Centro de Diseño Responsable (Centre for Responsible Design). En Suecia, The Swedish School of Textiles de la Universidad de Boras ha creado una conferencia anual y un proyecto llamado Design of Prosperity y además del ya mencionado Centre of Sustainable Fashion de la London College of Fahion, también quiero mencionar el Center for Fashion and Science donde desde una naturaleza interdisciplinar y absoluta se impulsan dinámicas de trabajo que cubren un amplio espectro, desde la crítica y teoría cultural, a la experimentación y el cacharreo tecnológico en colaboración con la industria y varias organizaciones de diversa tipología.

La verdadera oportunidad para la moda reside en trabajar con una dimensión política, no solo pensando en estrategias y retos globales sino articulando estrategias de cercanía, locales, al contrario de lo que en los últimos años se ha venido predicando. Esto del think global act local cada vez debe ser más think local act local para defragmenter la hegemonía global económica y generar escenarios más justos. Sólo así se podrán articular sistemas de pensamiento y acción, de desarrollo y producción más sostenibles (que perduren y se refuercen en el tiempo acorde a las posibilidades reales específicas de crecimiento o no). También prestando mucha atención al poder de la indumentaria personal como expresión de la necesidad de una industria basada en valores de apoyo a las comunidades más cercanas.

Para ello y/o con ello, tendremos que reajustar nuestras maneras de vivir y en la creación de estos nuevos catálogos también la educación y los educadores de moda son indispensables.

Christopher Raeburn upcycled military dress

Christopher Raeburn Upcycled Military Dress. Vestido realizado con paracaídas militares reciclados

Transfertilizar el contexto educativo con perfiles capaces de pasar del pensamiento a la acción desde diversas disciplinas aportará personas con capacidad de proponer y articular propuestas no solo innovadoras, sino transformadoras social y económicamente. Y ah!…. Por supuesto que voy a mencionar aquí la capa tecnológica y su importancia central en todo este absolutamente necesario meneo. La tecnología precisamente puede plantear cambios relevantes en cómo nos sentimos e interactuamos con nuestra ropa.

La tecnología wearable y la ropa interactiva empuja a plantearnos nuevos roles psicológicos; a cambiar la actitud y la relación respecto o con lo que nos ponemos.

4 frikis??? Que va!!!

Hussein Chalayan por ejemplo, lleva años explorando procesos cruzados con especialistas de otras disciplinas… siempre ha dicho soñar con un abuelo que se pone una gabardina y puede ver los dibujos de sus nietos en las solapas o leer los mensajes de sus familiares en el forro.

Podemos, repensar cómo personalizar más aquello que realmente como individuos o como miembros de un colectivo podemos necesitar, y explorar y aplicar la tecnología para conseguirlo, pero desde ahí: PRIMERO LA NECESIDAD Y LUEGO LA TECNOLOGÍA y no como se ha venido haciendo que es básicamente al revés… creemos la tecnología y especulemos sobre la necesidad.

FIRST3D printed FASHION SHOW

En la imagen, varias piezas de Primera pasarela 3D de Malasia de la colaboración de la diseñadora Melinda Looi, y la empresa Belga de soluciones de software Additive Manufacturing software and solutions. Más allá de la espectacularidad del maridaje, lo importante es la rápida fabricación de las piezas de forma puntual, sin tener que producirlas de manera masiva, y la introducción en el sector de una manufactura outsider, así como el aprendizaje entre ambos perfiles y contextos que al parecer, no están tan alejados. Es una excusa para poder abrir el melón de nuevos planteamientos respecto a la reproducción de las piezas, o la producción de la mano del propio usuario en su casa por ejemplo; el tema de las patentes o autorías y los materiales artificiales o el reciclaje de actividad de muchas empresas.

La moda debería convertirse en un armonioso y ecléctico paisaje orgánico, vintage, lleno de ítems reutilizados, ropa customizada y DIY y wearables y tecno-trapos que cambien de color o se adopten a contextos sociales y usos específicos por ejemplo. Un armario tan variado provocaría un enganche emocional con aquello que nos ponemos de manera que la ropa adquiriría un valor de una dimensión añadida que nos haría sin duda revalorizar su ciclo de vida.

En conclusión, la industria de la moda demanda el desarrollo de un sistema serio de educadores  de moda. L*s educadores están en la privilegiada posición de entrenar (acción) y formar (pensamiento crítico) a una generación que formule un modelo excitante y totalmente rompedor para una nueva industria tan plural como rica…. Y no hablo sólo de dinero; hablo de valores.

La educación es un catalizador para el cambio.

¿¿¿¿Ha oído esto señor Wert????  (no te mereces el rosa… la verdad) POCEZO.

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